La FIFA tenía razón.

puto

 

“Infrastructructure… pero se entendió el inglish”

En menos de una semana nació y murió la controversia por los gritos de “puto” que ya nos hemos acostumbrado oír durante los partidos de la selección. La FIFA, paradójicamente aliada con grupos de derechos humanos, sostenía que la libertad de expresión termina donde empiezan los sentimientos de terceros, y por lo tanto buscaba abiertamente la forma de silenciar a esta ya tradición del fútbol mexicano.

Este hecho fue recibido con una negación casi unánime por el público en general, sólo salían en defensa de la FIFA contados “intelectuales” y demás personas demasiado sensibles o que les gusta llevar la contraria, se sentía un consenso en el rechazo de una magnitud mayor a cualquier votación política. Verdaderamente se podía decir que “el pueblo” había hablado: #TodosSomosPutos.

No tardaron en salir los hashtags, memes (macros), y razones para oponerse a la acción de la FIFA, después de todo, la palabra “puto” tiene más significados de los que se pueden contar sin tener lápiz y papel a la mano, pensar que la expresión estaba siendo usada como un insulto homofóbico necesitaba de ciertas maniobras mentales, en especial tratándose de una población mexicana que, aún sin quitarse la fama de machista, es cada vez más abierta y tolerante con la homosexualidad. Por otro lado muchos hacían notar la hipocresía en reprochar una falta tan tonta, al mismo tiempo que se nombraba a Rusia y Qatar como próximas sedes del mundial.

Y aún si tuviera razón la FIFA, y la afición mexicana de hecho le manifestaba de manera grosera en cada saque al portero de la selección contraria su desacuerdo sobre que agujeros del cuerpo humano son exclusivamente “de salida”, ¿Desde cuándo algo tan inconsecuente es suficiente excusa para limitar la libertad de expresión?

Ante semejante rechazo, la FIFA no tardó en desistir, citando razones que nadie se molestó en leer, puso fin a su cruzada políticamente correcta. La libertad de expresión había vencido.

¿Será?

Cómo pudieron adivinar por el título de este escrito, es mi opinión que la FIFA tenía razón. No tengo ningún problema con el grito de “puto”, probablemente me uniría a él si fuera a algún partido, pero es un hecho que la FIFA tenía razón, si acaso por las razones equivocadas.

En un célebre dictamen el juez de la Suprema Corte Estadounidense, Oliver Wendell Holmes, Jr., decía que existen límites a la libertad de expresión, “No puedes gritar falsamente “fuego” en un teatro lleno”, ponía como ejemplo.

Esta frase ha tenido mucho impacto en la política pública respecto a la libertad de expresión, para muchos, esta demuestra como la libertad de expresión debe ser limitada y controlada en pro del interés público. Bajo el mismo pensamiento, la FIFA consideraba correcto censurar los gritos de “puto”.

Sin embargo, yo comparto la opinión del economista Murray Rothbard al pensar que esto es un error.

En su ensayo, “Derechos Humanos como derechos de propiedad”, Rothbard postulaba (entre otras cosas) que el límite lógico para el ejercicio de un derecho depende del lugar donde uno se encuentre, toda tierra tiene dueño, y las personas que entren a la tierra propiedad de un tercero lo hacen bajo un acuerdo explícito o implícito de seguir las reglas impuestas por el dueño.

Aplicándolo al ejemplo, para entrar al teatro, las personas tienen que pagar un boleto, este es uno de los muchos términos impuestos por el dueño para poder acceder a su teatro, entre otros términos probablemente se encuentre la buena conducta, no gritar “fuego” cuando no existe uno.

De esta manera observamos que la verdadera razón para no gritar “fuego” falsamente en un teatro lleno es que, de hacerlo, se estarían violando los términos de entrada al teatro. Al mismo tiempo que se estaría arruinando la noche y los acuerdos con el dueño de todos los demás espectadores que esperaban ver la puesta en escena de Otelo, y terminaron por ser evacuados; infringiendo también, de esta forma, con sus derechos de propiedad.

Aplicando lo anterior al caso de la FIFA, es un hecho que los estadios, aún si no son de su propiedad, si son objeto de un contrato de uso entre sus dueños y la Federación, mismo en el que se pactan términos para su uso, y para la admisión del público al partido.

Por lo tanto, si la FIFA y sus socios deciden prohibir el grito de “puto” en sus eventos, es responsabilidad moral de todos el abstenerse de estas prácticas, de la misma forma que estamos de acuerdo de abstenernos de entrar a la cancha desnudos, o iniciar peleas en las gradas. La FIFA, tenía razón.

Sin embargo, al final la FIFA decidió hacerle caso al mercado y desistirse de sus deseos de censura. Algo que se me hace correcto, en mi opinión se estaban pasando de putos.

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