Que podemos aprender del caso Uber

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La mayoría de nosotros hemos leído sobre las funciones “legítimas” del Estado desde las clases de civismo en primaria, protección de derechos, administración del monopolio de la justicia entre otras, el presente artículo hablará de una muy popular: la regulación de la economía

El argumento por la regulación de la economía por parte del Estado es simple, necesitamos de una autoridad que vigile las prácticas del sector empresarial dentro del mercado para poder asegurar un estándar mínimo de calidad, en beneficio de nosotros los consumidores.

Es una idea con cierta base en el sentido común, bajo la idea de la búsqueda del beneficio propio como motor de la economía es natural pensar que algunos empresarios cortarán esquinas en lugares que no deberían con el fin de generar un mayor margen de ganancias, es el deber del Estado el intervenir y poner un límite a los excesos que el empresario puede llegar a tomar, una vez más, esto es en beneficio del consumidor.

No hace falta decir que este es un punto de vista popular, no mucha gente estaría de acuerdo conmigo en eliminar por completo la labor reguladora del Estado. Sin embargo, podría decirse que eso es exactamente lo que busca el apoyo masivo que ha tenido la empresa de transportación Uber en todo el mundo.

Como sabemos, Uber debe su éxito a haber revolucionado la industria del transporte público individual, ofreciendo servicios de mejor calidad y con precios más competitivos que los prestados por el sistema de Taxi que ha reinado este sector desde hace muchos años.

No todos están emocionados por el rápido crecimiento, agrupaciones y sindicatos de taxistas al rededor del mundo (con ayuda de miembros de la clase política) han organizado y realizado actos de resistencia en cada ciudad a la que los servicios de Uber se han expandido.

La queja de los taxistas es similar sin importar donde se encuentren: Uber logra ofrecer buenos servicios a precios competitivos por que no se sujeta a las mismas leyes que los taxistas. Esto es cierto, los taxistas de todo el mundo se han visto obligados a afrontar costos relacionados con diferentes leyes que regulan su operación y terminan encareciéndola, los mismos argumentan que el hecho de que Uber no se sujete a estas leyes mientras que ofrece servicios similares representa competencia desleal, y por lo tanto ejercen presión para prohibir las operaciones a esta empresa.

Ya sea que estés de acuerdo con el argumento taxista o no, existe una importante lección en este asunto que vale la pena entender.

Las leyes que encarecen el servicio proveído por los taxistas no existen sin razón ofrecida, estas tienen un propósito claro y definido: el garantizar la calidad del servicio. Pero, ¿Cómo es esto? ¿Cómo puede ser que un servicio que no se sujeta a la actividad reguladora del Estado sea de mejor calidad? La respuesta es simple: la regulación estatal de la economía es un vil engaño, una mentira propagada en base a una idea, no a su realidad.

Para entender este engaño te compartiré un secreto mal guardado sobre la acción Estatal: para el 99% de los trabajadores de gobierno tu satisfacción con su servicio no es de la menor importancia.

Este sentimiento se propaga desde el nivel más alto hasta el fondo del sistema gubernamental, desde el presidente de la república hasta el chavo que vende derechos de inscripción en el registro público de tu Estado, tu satisfacción no les importa. Y ¿Por qué debería? ¡Si su empleo no depende de ello!

El presidente, gobernador o cualquier otro político de cargo de elección pública obtiene su trabajo antes de mostrar materialmente que es capaz de ejecutarlo como es debido, y ya en oficina los procedimientos para removerlo de su cargo son tan procesal como políticamente cargados que es prácticamente imposible hacerlo, tampoco es seguro que enfrente a la justicia al terminar su gestión, ya que durante su término probablemente adquirió influencia suficiente (o su traída a justicia traería tan mala imagen a su partido) como para ir saltando como chinche a cargos de “representación proporcional”.

Lo mismo ocurre con los trabajadores no (tan) metidos en la política, registradores, operadores de caja, maestros y taxistas sindical izados, licenciados y oficiales de Tribunales. ¿Cuantos crees que entran por su capacidad, y no por ser hijos del tío del compadre del juez o secretario? y posteriormente ¿Quién crees que es el primero en ser cortado cuando se necesitan más lugares para el nepotismo? La gente con palanca sanguínea difícilmente se ve perjudicada por su actuación.

Entonces, si tu satisfacción con el servicio  proveído por una persona no influye en su trabajo, ¿Por que esta persona habría de preocuparse por esta? ¿Que crees que la decencia es gratis?

Por lo general, los taxistas del mundo tienen su licencia y trabajo como tales prácticamente asegurados por arreglos de protección sindicalizada hechos con la clase política, a cambio, dicha clase política recibe varios beneficios, desde la simple ganancia de votos de taxistas y sus familias, hasta el compromiso de estos para servir como grupos de choque y presíon, o bien como transporte de votantes para el partido en días de elección. El Estado, en su buena disposición y eterna sabiduría se reserva el derecho de administrar los servicios de transporte, entregando “concesiones” para dedicarse a este oficio a los mejores elementos de la sociedad.

Dibujo

Fuente: Sipse Noticias

Mientras tanto, servicios privados como Uber se encuentran en peligro constante de quiebra. Ellos no tienen la opción de cobrar de tus impuestos, esos que pagas por que pagas y por los que nunca hay reporte de resultados, ellos tienen que convencerte de que son los mejores, y además probarlo día con día, bajo amenaza de calle.

Si alguien se queja de un taxi feo, mal afinado, apestoso y además caro ¿Qué más puede hacer? ¿Llamar otro taxi? ¡Si todos son iguales! Ah, pero llega Uber ofreciendo calidad y precios competitivos, y ahora sí salen los taxistas con sus compromisos, Apps y hasta amenazas disfrazadas de “deseos de que no se llegue a violencia”. Hay que entender, el mercado no necesita ser regulado por una autoridad, este cuenta con un sistema de regulación eficiente y efectivo llamado competencia, si no existe competencia en un sector, no esperes un buen servicio.

Al entender las razones detrás de este asunto no es sorpresa  lo que está pasando: la función reguladora del Estado sobre la economía no se trata de precios o calidad, se trata de una moneda de cambio que tiene la clase política para conseguir alianzas con sectores estratégicos. Recuérdalo la próxima vez que se use este argumento para defender la prohibición a Uber, o para exigir su “entrada a la legalidad”, o bien, para cualquier otro motivo, ya sea licencias de construcción, uso de suelo, etc.

No se trata de tí, se trata de control.

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