“Sí es sí” Violación y Consentimiento

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Ninguna persona razonable tendra problema con la idea de que el consentimiento es esencial al momento de tener una relación sexual,  sin embargo, una nueva ley en California está llevando la idea a extremos insensatos.

Con la intención de atacar el problema de las violaciones en los Campus Universitarios, la SB967, también llamada ley “Sí es sí” (Yes means yes), exige que todas las universidades de California que reciban apoyos gubernamentales (todas las públicas y algunas privadas) deben cambiar su concepción sobre cómo se otorga el consentimiento al tener una relación sexual.

“Sí es sí” se refiere a que el consentimiento a tener relaciones debe ser explícito o afirmativo, esto representa un alejamiento radical del estándar mundial de “No es no”, el cual presume la falta de resistencia (salvo factores como intoxicación o intimidación) como consentimiento. De manera simple, ahora los estudiantes tendrán que dar su consentimiento para que el acto no se considere violación, en lugar de solo no oponerse.

Como era de esperarse, la medida ha tenido gran apoyo entre demócratas, universitarias y escritoras feministas, sin embargo, la realidad es que carece de cualquier sentido social y legal.

Socialmente hablando, considera el primer beso entre un hombre y una mujer, es momento usualmente tenso, ya que ninguno de los dos involucrados sabe con seguridad si la otra lo quiere, sin embargo es ampliamente aceptado que el beso “se roba” no se pregunta, el pedir permiso para besar mata “el momento”.

¿Cómo aplicaría esto con la ley? Aun cuando el lenguaje legal contempla la expresión no verbal del consentimiento, Bonnie Lowenthal, una de las autoras de la ley expresó que el consentimiento afirmativo significa que la persona “debe decir que sí”, esto complica la situación debido a que la ley establece que el consentimiento puede ser retirado en cualquier momento. ¿Te imaginas tener que parar cada tres minutos para preguntarle a tu pareja si aún tienes permiso?

Desde un punto de vista legal la medida sienta un precedente peligroso debido a que su interpretación puede considerarse como una transferencia de la carga probatoria hacia el acusado, esto debido a que normalmente la persona que acusa tiene que probar su palabra, mientras que el acusado no está obligado a probar su negación, excepto cuando esa negación involucre una afirmación. A esto se le llama la presunción de inocencia.

De esta forma, mientras que bajo “No es no” el acusado podía basar su defensa en “No lo hice” y ser inocente hasta probado culpable, la nueva ley puede llegar a ser interpretada por la corte como si requiriera que el acusado pruebe que la presunta víctima dijo que “Sí”.

Yo me pregunto, ¿Cómo pruebas que una persona dijo “sí”? Lo único que se me ocurre es un video, o una grabación, lo que es desagradable y solo traería más problemas legales, o bien, podemos exigir que se firme un contrato notariado y darle el tiro de gracia al sentido común y al romance.

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El feminismo y la objetificación.

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“Y es por eso que todas son unas putas… COMPREN MI PRODUCTO”

La cosificación -objetificación- es una palabra horrible tanto por su significado -literalmente, tratar como cosa a algo que no lo es- como en su fonética; el considerar a una persona como objeto, aún si no es algo indiscutible mente inmoral -todos cosificamos de cierta forma- sí es una actitud que debe ser vigilada para asegurarnos de que no degenere en conductas peores. El uso de mujeres sexys en anuncios no es algo malo, sin embargo hay que ser consientes de las conductas que pueden surgir al llevar la cosificación a extremos más alarmantes y que pueden desencadenar en violencia.

Es por esto que, aún si no estamos de acuerdo los grupos feministas -hablando de feminismo en general, sin entrar a sus diferentes variantes- tenemos que aceptar que su labor es netamente buena y necesaria para evitar que la cosificación se escape de nuestras manos. ¿No?

Pues en realidad no. De hecho, en mi opinión, la cosificación de la mujer es parte de la mera esencia del feminismo.

Para demostrar mi punto les presento las señales de la cosificación. Según la filosofa Martha Nussbaum, una persona esta siendo cosificada sí:

  1. Se usa como una herramienta para cumplir propósitos ajenos. (Instrumentalidad)
  2. Se le trata como si fuera incapaz de tomar sus propias decisiones. (Falta de auto-determinación)
  3. Se le considera propiedad de otra persona. (falta de auto-propiedad)
  4. Se le ve como algo intercambiable (fungibilidad)
  5. Se le toma como algo cuya destrucción es aceptable. (violabilidad)
  6. Se considera que sus experiencias y opiniones personales carecen de valor (falta de subjetividad)

Si se dan cuenta, ninguna de las anteriores se tiene connotaciones sexuales, puede parecer extraña su ausencia debido a que en la vida cotidiana las palabras “cosificación” y “sexual” van de la mano, sin embargo a  mí me parece correcto, la cosificación -llevada a un extremo- es mala en sí misma sin la necesidad de tener tonos sexuales para ello, de manera simple, ya que eres un objeto no importa si eres un sillón de masajes, o un vibrador.

Ahora, ¿Cómo se manifiestan los preceptos anteriores al trato feminista de la mujer? De entrada acepto que el trato feminista a la mujer no cumple con todas las condiciones anteriores, pero honestamente tampoco el machista, ni tampoco la gran mayoría de casos de cosificación que podemos encontrar; el cumplimiento de todos los preceptos se encuentra reservado para casos de extrema maldad como el del partido Nacional Socialista Obrero Alemán -Nazi- en su trato a judíos y personas con discapacidades o desordenes genéticos.

Sin embargo, el feminismo cumple con varios de los anteriores preceptos, esto se debe a su carácter como ideología colectivista.

El extremo opuesto al individualismo -la idea de dar preponderancia a la persona en lo individual sobre la masa y su interés-, el colectivismo se preocupa por la sociedad como grupo, priorizando los objetivos grupales sobre los de cada persona en lo individual. Es aquí donde se origina la cosificación de la mujer en el feminismo.

La negación de la subjetividad.
El colectivismo, por definición no se preocupa por las opiniones de cada persona en lo individual, sino por la meta grupal y los medios para conseguirla, cumpliendo así el sexto supuesto de la cosificación, la negación de la subjetividad; al feminismo no le importan las opiniones individuales de las mujeres a las que intenta defender.

El feminismo en su afán colectivo decide que una actividad es mala para las mujeres, por ejemplo, el tener una carrera como modelo, cita razones que considera válidas como el “fijar estándares injustos e irreales de belleza” y la condena; las opiniones y gustos de las mujeres dedicadas al modelaje pierden importancia contra la masa amorfa de “la mujer”.

Como fichas de dominó.
Lo anterior es suficientemente malo por su cuenta, pero la cosa no se queda ahí, la negación de la subjetividad arruina al feminismo puesto a que ocasiona una reacción en cadena hacia el cumplimiento de los demás preceptos de la cosificación.

La instrumentalidad de la mujer en el feminismo por ejemplo, es cada día más notoria, no hay escasez de personas y empresas que se aprovechan de la popularidad del feminismo para  usar a las mujeres como herramienta para sus fines personales. Jessica Rey -la mujer de la imagen inicial- es un claro ejemplo; en un video que se volvió viral en la red ella explica lo que ve como una creciente falta de “dignidad” en la evolución del traje de baño femenino, convenientemente ella tiene una línea de ropa más conservadora, ¡Ideal para poder disfrutar la playa sin tener que sentirte denigrada!; no hace falta un ojo demasiado crítico para notar que el mensaje es: “eres puta, compra mi producto para dejar de serlo”, algo increíblemente similar al “eres fea, compra mi producto para dejar de serlo” que tanto es condenado por los grupos feministas. Sin embargo, tengo que admitir que los diseños son bonitos.

Recientemente el feminismo ha sido igual un gran instrumento en la política, siendo ya un punto clave en las campañas para las candidaturas presidenciales de tanto Hillary Clinton como de Elizabeth Warren en los Estados Unidos, así como para la -fallida- candidatura en México de Josefina Vázquez Mota.

Los demás preceptos son igual de recurrentes en el feminismo, un ejemplo claro fue la controversia causada por los comentarios del piloto Sergio “Checo” Pérez hacia Susie Wolff, la nueva piloto de la Fórmula 1.

Al ser preguntado sobre su opinión acerca de tener una compañera mujer, “Checo” reveló su desagrado, haciendo notar que le daría pena ser vencido por Wolff, pues consideraba que ser mujer la hacía peor piloto. “Checo” después aseguro que solo estaba bromeando y que tiene una buena relación con Wolff.

La respuesta feminista fue tan pronta como incorrecta, en lugar de apoyar a Wolff en lo individual, haciendo notar los logros y aptitudes que la llevaron hasta ahí, la contestación se basó en defender a “las mujeres”, “las mujeres somos buenas conductoras, tan buenas como los hombres” era el mensaje.

El feminismo se apoderó de la situación de Wolff para fomentar causas ajenas a ella -instrumentalidad-, Susie -una piloto de F1 por lo tanto mejor conductora que el 99% de la población del mundo- se perdió entre la masa de mujeres que son “tan hábiles como los hombres” como si no fuera un caso especial -fungibilidad-. Susie eventualmente contesto a las injerencias sobre el comentario del “Checo”: “Conduzco mejor que cocino” fueron sus palabras, de manera inteligente y humorística Susie terminó la controversia, demostrando que ya era una “niña grande” y que no necesitaba al feminismo, por más que el feminismo insista lo contrario a cada mujer -falta de auto-determinación-.

Y al final esa es la verdad, las mujeres no necesitan del feminismo, en realidad “las mujeres” ni siquiera existen, existe cada mujer en lo individual, existen. Un verdadero feminismo, una ideología que fomente el desarrollo y los derechos de cada mujer como su propia persona, es la misma que fomenta el desarrollo y los derechos del resto del mundo: el individualismo. ¿No suena mejor el juzgar a cada quién por sus aptitudes individuales, que juzgar a la gente como grupo simplemente por su combinación de cromosomas?

Al feminismo ser una ideología colectiva, niega la subjetividad latente en cada mujer como individuo, ignora sus gustos, deseos y opiniones, sustituyéndolas por lo aceptable y útil para “la mujer”.

Cada mujer es diferente así como cada persona es diferente. Hay mujeres que quieren ser profesionistas, amas de casa, modelos, maestras, masajistas, prostitutas, monjas, madres; hay mujeres que les gustan los hombres fuertes, dominantes, sumisos, machos, otras mujeres; hay mujeres que les atrae el sexo, el celibato, los hombres jóvenes, el peligro, la discreción, los tríos, los hombres asiáticos, que quieren ser las dominantes o que tienen fantasías de violación. Nada de lo anterior es objetivamente malo, el negarlo es negar la subjetividad de cada mujer, reprimir su individualidad, suprimir su identidad, hacer a las mujeres iguales, aburridas, intercambiables.

Objetos.